Tal es el sino de todo libro que se presta: con frecuencia se pierde, siempre se estropea.
Tan sola no me has dejado, que estoy conmigo y me basta, igual que siempre lo he estado.
Temblad ante el esclavo cuando rompe sus cadenas, no tembléis ante el hombre libre.
Todo deseo tiene un objeto y éste es siempre oscuro. No hay deseos inocentes.