Nuestro sueño, cuando lo seguimos, es el mejor pronosticador de nuestro futuro.
Nuestros defectos nos imitan más cuando los observamos en otros.
Nuestros sentidos nos engañan o son insuficientes, cuando se trata de análisis, observación y apreciación.
Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.
Nunca comprenderá usted lo que sentimos los músicos cuando oímos detrás de nosotros el paso de un gigante como beethoven.
Nunca consideres el estudio como un deber, sino como una oportunidad para penetrar en el maravilloso mundo del saber.
Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.
Nunca eres demasiado viejo para tener otra meta u otro sueño.
Nunca es tarde para bien hacer; haz hoy lo que no hiciste ayer.
Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación.
Nunca es tarde para no hacer nada.
Nunca falta al avariento razón para negar.
Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados.
Nunca he odiado a un hombre tanto como para devolverle sus diamantes.
Nunca he podido entender porque una persona se pasa dos años escribiendo una novela, cuando puede comprar una por $10.
Nunca la persona llega a tal grado de perfección como cuando rellena un impreso de solicitud de trabajo.
Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios.
Nunca leo novelas ni ensayos, sino biografías. Para mí, es más importante la vida de un hombre que sus sueños de papel.
Nunca llegamos a hacernos a la idea de que contamos menos para los demás de lo que ellos cuentan para nosotros.
Nunca me retiraré. Tendrán que quitarme la cámara para que deje de hacer películas. Moriré haciendo películas.
Nunca recibí distinciones a título personal. Para mí el "nosotros" siempre estuvo por encima del "yo".
Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas.
Nunca se es más activo que cuando no se hace nada; nunca se está menos solo que cuando nadie le acompaña a uno.
Nunca se siente más seguro un niño que cuando sus padres se respetan.
Nunca se sufre tanto por amor como cuando volvemos a ver el objeto amado, o mejor cuando este está ausente