No puede herirnos la injuria sino cuando la recordamos; por ello la mayor venganza es el olvido.
No puedes hacer un acto amable demasiado pronto, porque nunca sabes cuándo será demasiado tarde.
No puedo cambiar la dirección del viento, pero puedo ajustar mis velas para llegar a mi destino.
No se deberían poner caras largas, aunque sólo fuera para no tener más superficie que afeitar.
No se desprecia a todos los que tienen vicios, pero sí a los que no tienen ninguna virtud.