Los zorros usan muchos trucos. Los erizos, sólo uno. Pero es el mejor de todos.
Luchar para vivir la vida, para sufrirla y para gozarla... La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.
Luchemos por cosas lo bastante grandes para que nos importen, y lo suficiente pequeñas para poder ganarlas.
Luz... cuando mis lágrimas te alcancen la función de mis ojos ya no será llorar, sino ver.
Mal ladra el perro, cuando ladra de miedo.
Mala es la guerra para los que tienen un hijo en ella.
Mares, alas, intensas luces libres, sonarán en mi alma cuando vibres, ciega de amor, tañida entre mis brazos.
Marilyn era un absoluto genio como actriz cómica, con un sentido extraordinario para los diálogos cómicos. Tenía ese don. Nunca después he vuelto a encontrar una actriz así.
Más hermosa que todas las mujeres posibles (y esto basta para definirla).
Mas precisamente para el héroe lo bello es lo más difícil. Inaccesible es la belleza a todas las voluntades impetuosas.
Más pronto o más tarde todos somos el perro de alguien.
Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor.
Mas todos los poetas creen que quién tendido en el pasto aguza el oído se entera un poco de las cosas que existen entre el cielo y la tierra.
Matadlos a todos y Dios juzgará quien se tiene que salvar.
Mayor es el peligro cuando mayor es el temor.
Me atrevo a afirmar que no hay erotismo autentico sin el arte de la ambigüedad; cuando la ambigüedad es poderosa, más viva es la excitación.
Me atrevo a cambiar la frase de voltaire para decir que, preferiblemente, si dios realmente existiera, sería necesario abolirlo.
Me convertí en un niño delante de una muñeca que cierra los ojos cuando se la acuesta.
Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría.
Me encanta el poder. Pero lo amo como a un artista. Me encanta como el músico ama a su violín, para extraer de él sus sonidos, acordes y armonías.
Me gusta extraviarme a mí mismo a través de otras mentes. Cuando no estoy pensando, estoy leyendo. Soy incapaz de sentarme y ponerme a pensar. Los libros piensan por mí.
Me gusta la gente que se niega a hablar hasta que está preparada para hablar.
Me gustaría vivir eternamente, por lo menos para ver cómo en cien años las personas cometen los mismos errores que yo.
Me ha ocurrido que cuando la alabanza inglesa absorbía mi personalidad, alejándome de los vínculos espirituales que me ligan a la patria, he abandonado Londres más que de prisa, para ir a España ¡No, no!; antes que nada, ¡soy español!.
Me he dedicado a investigarla vida y no sé por qué ni para qué.