El orgullo es igual en todos los hombres, sólo varían los medios y la manera de manifestarlo.
El orgullo humano sabe inventar los nombres más serios para ocultar su propia ignorancia.
El orgullo se resarce siempre y no pierde nada, incluso cuando renuncia a la vanidad.
El placer de leer es doble cuando se vive con otra persona con la que compartir los libros.
El placer de leer todo se duplica cuando uno vive con alguien que comparte los mismos libros.