El militar es una planta a la que hay que cuidar con esmero para que no dé sus frutos.
El momento correcto para empezar no es mañana o la próxima semana, sino ahora.
El motivo no existe siempre para ser alcanzado, sino para servir de punto de mira.
El movimiento de la tierra sola basta, por tanto, para explicar tantas desigualdades aparentes en los cielos.
El muerto es el mar cuando la tierra está lejos.
El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.
El mundo es amigable para las personas que también lo son.
El mundo es de quien nace para conquistarlo y no de quien sueña que puede conquistarlo.
El mundo es para los osados, no para los tímidos y callados.
El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores.
El mundo es una comedia para los que piensan y una tragedia para los que sienten.
El mundo fue más hermoso desde que me hiciste aliada, cuando junto de un espino nos quedamos sin palabras ¡y el amor como el espino nos traspasó de fragancia!.
El mundo ha sido creado para ser recreado.
El mundo tiene suficiente comida. Lo que le falta es la voluntad política para asegurar que toda la gente tengan acceso a esta abundancia, que toda la gente disfrute de la seguridad alimentaria.
El número ideal de comensales para una cena es dos... yo y un buen camarero.
El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para se gobernados por los demás.
El ocioso vale para la plaza pero no para el trabajo.
El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.
El odio son las cosas que te gustaría hacer cuando le dejas un libro a alguien y te lo devuelve en edición fascicular.
El oficio de historiador es el más penoso de todos.
El optimismo es esencial para el logro y es también el fundamento del valor y del verdadero progreso.
El optimismo es esencial para el progreso verdadero.
El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos desgraciados.
El optimista encuentra una respuesta para cada problema. El pesimista ve un problema en cada respuesta.
El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir.