El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido,pero no derrotado.
El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para orientarse debidamente a sí mismo.
El hombre no se da cuenta de cuánto puede hacer, más que cuando realiza intentos, medita y desea.
El hombre puede renunciar a todos los placeres que quiera, pero no va a renunciar a su sufrimiento.