Aguardar demasiado a un convidado es una falta de consideración para los que están presentes.
Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlo.
Al amor, como a una cerámica, cuando se rompe, aunque se reconstruya, se le conocen las cicatrices.
Al brillar un relámpago nacemos y aún dura su fulgor cuando morimos; tan corto es el vivir.
Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
Al principio de las catástrofes, y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica.
Alegría, estudio y piedad: es el mejor programa para hacerte feliz y que más beneficiará tu alma.