En general, quienes no tienen nada que decir invierten el mayor tiempo posible en no decir nada.
Es mil veces más fácil no decir lo que pensamos en un momento de ira, que disculparnos después.
Escoge a una mujer de la cual puedas decir: hubiera podido escogerla más bella, pero no mejor.
Escriba libros sólo si lo que va a decir en ellos usted nunca se lo confiaría a nadie.
Esta noche está en nuestras manos decir alguna verdad que ya, que ya mentimos a diario.