El corazón es lo primero que vive en la estructura del animal y lo último que muere. En él tiene su comienzo y su término la vida.
El deber es la consecuencia del saber.
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
El diablo mira con envidia a quien sufre mucho y lo expulsa al cielo.
El diablo sólo tienta a aquel con quien ya cuenta.
El dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.
El ego es simplemente una idea de quién eres que llevas contigo.
El escritor original no es aquel que no imita a nadie, sino aquel a quien nadie puede imitar.
El escritor que quiera saber cómo debe conducirse en relación a la posteridad no tiene más que examinar en los viejos libros qué es lo que le causa agrado y cuáles son las omisiones que más lamenta.
El éxito está en la vida que uno lleva, en cómo vive, cómo goza, cómo se integra, cómo disfruta de las pequeñas cosas.
El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el razonamiento.
El genio en el arte consiste en saber hasta donde podemos caminar demasiado lejos.
El grado sumo del saber es contemplar el por qué.
El hombre a quien el dolor no educó siempre será un niño.
El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.
El hombre del conocimiento debe no solamente saber amar a sus enemigos, sino también saber odiar a sus amigos.
El hombre dotado de inteligencia puede con el don de saber que posee, conseguir la capacidad necesaria para toda la técnica y destreza artística.
El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés y el afecto de otros muchos.
El hombre modesto suele ser admirado, si es que la gente llega a saber de él.
El hombre no vive de otra cosa que de religión o de ilusiones.
El hombre no vive, como las bestias salvajes, en un mundo de cosas meramente físicas, sino en un mundo de signos y símbolos.
El hombre odia a quien le hace sentir su propia inferioridad.
El hombre sencillo que vive rigurosamente según las tradiciones religiosas y sociales de su grupo no tiene nunca ningún problema axiológico.
El hombre vive en un mundo en el que cada ocurrencia está cargada con ecos y reminiscencias de lo que ha ocurrido antes. Cada acontecimiento es un recordatorio.
El hombre vive midiendo, y no es medida de nada. Ni de sí mismo.