El hombre puede renunciar a todos los placeres que quiera, pero no va a renunciar a su sufrimiento.
El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligdo a inaventar la risa.
El más feliz es aquel de quien el mundo habla lo menos posible, sea en bien o sea en mal.
El mejor sistema filosófico de todos es el de Jesucristo: el sistema de la benevolencia.