Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.
Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.
Nadie imagina cuánto ingenio se requiere para no parecer nunca ridículo.
Nadie recordaría al buen samaritano, si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero.
Ni los demonios ni los dioses existen, son todos productos de las actividades síquicas del hombre.