Ay señor! ser honesto, tal como va el mundo es ser un hombre escogido entre diez mil.
Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor es quien irrita a su madre.
El señor sólo exige de las personas aquéllo que está dentro de las posibilidades de cada uno.
La majestad y la grandeza no está en ser uno señor, sino en que por tal le tengan.
Pero, ¿cómo no amarla señor, si tú hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera?.