Ay señor! ser honesto, tal como va el mundo es ser un hombre escogido entre diez mil.
Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor es quien irrita a su madre.
Eh! dame tu boca, eh! mi fresa bonita!, el alba ha llenado de fresas nuestro horizonte.
El señor sólo exige de las personas aquéllo que está dentro de las posibilidades de cada uno.
La majestad y la grandeza no está en ser uno señor, sino en que por tal le tengan.