Justa causa de alegría es ver alegre a un amigo.
La felicidad es no tener que pensar en ella.
La adversidad es ocasión de virtud.
La aflicción de nuestros amigos nos induce a amarlos más.
La amistad siempre es provechosa; el amor es el que a veces hiere.
La amistad y la enemistad proceden de la voluntad.
La armonía total de este mundo está formada por una natural aglomeración de discordancias.
La carencia de una cosa le da precio.
La confianza produce muchas veces la lealtad.
La desgracia es a veces ocasión de virtud.
La desgracia no llega al hombre valeroso.
La diligencia nos parece tardanza cuando deseamos una cosa.
La edad se descubre más cuando se disimula con arte.
La enfermedad que sobreviene al convaleciente es más peligrosa.
La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.
La felicidad no mira de dónde nace, sino adónde puede llegar.
La fortuna puede robarnos la hacienda, pero no el valor.
La fortuna teme a los valientes y avasalla a los cobardes.
La inexperiencia destruye e inutiliza muchas buenas ocasiones.
La ira, si no es refrenada, es frecuentemente más dañina para nosotros que la injuria que la provoca.
La llaga de amor, quien la sana, la hace
La llaga de amor, quien la sana, la hace.
La mayor parte de la gente confunde la educación con la instrucción.
La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.
La mujer no admite medio: o ama mucho, o aborrece mucho.