El vino tórnase bueno cuando resultaba nuevo, duro y áspero, pero se sostiene aquel vino que ya en el lagar era agradable.
El vulgo defensor de su propio mal, se levanta contra la razón.
En cualquier adversidad, lo peor es haber sido feliz.
En el pecho del sabio, aun sanada la herida, queda señal.
En ninguna parte se siente más la pobreza que en el destierro.
En ninguno es la ira más peligrosa que en el que a otros castiga.
En ninguno puede haber vicio, sino en el que puede haber virtud.
En obligación nos pone de dar el haber dado.
En poco precio se tiene lo adquirido de gracia.
En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.
Engaño hay cuando se concede lo que primero se negó.
Enseñando aprendemos.
Es cobardía menospreciar la vida, y esfuerzo resistir a grandes desgracias.
Es mejor aprender cosas inútiles que no aprender nada.
Es rey quien nada teme, es rey quien nada desea; y todos podemos darnos ese reino.
Es, a menudo, más conveniente disimular que vengarse.
Escucha aún a los pequeños, porque nada es despreciable en ellos.
Especie de misericordia es matar de súbito.
Espera que te hagan a ti lo que tú haces a otro.
Estar en ocio muy prolongado, no es reposo, es pereza.
Este día que tanto temes por ser el último, es la aurora del día eterno.
Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos.
Fácil se nos hace la cura, por grave que sea, si se siente provecho en ella.
Fácilmente cree el desdichado.
Feas palabras, aun livianamente dichas ofenden.