De ninguna suerte debemos fiarnos menos que de la buena.
De torpes deleites no queda sino el arrepentimiento.
Debe esperarse la muerte que la naturaleza ordena.
Debemos considerar quiénes somos, y no la reputación en que estamos.
Deberíamos recibir bien los trabajos, sabiendo que vienen por providencia divina.
Débese guardar con más cuidado lo que no se sabe cuándo ha de faltar.
Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente.
Del tormento se libra el que fácilmente lo sufre.
Desagradecido es el que agradeciendo tiene ojo a otro segundo beneficio.
Desde la infancia da señales el ingenio.
Desdichado es el que por tal se tiene.
Desgracia imprevista nos hiere más fuertemente.
Despreciable honra es la que en la ociosidad se granjea.
Determínese despacio lo que para siempre se resuelve.
Dice hecatón: te descubriré un modo de provocar el amor sin filtro magico, sin hierbas, sin ensalmos de hechicera: si quieres ser amado, ama.
Dichoso es el que no lo parece a los otros, sino a sí.
Difícilmente se hallan palabras que retraten al vivo las grandes desdichas.
Doble valor tendrá el beneficio que otorgues sin que te lo hayan pedido.
Doloroso es el tiempo que entre dudas se pasa.
Doloroso es perder la patria, más doloroso temer esta desgracia, y dolorosísimo los dos infortunios juntos.
Doloroso es que comencemos a vivir cuando morimos.
Dos veces muere el que a voluntad de otro muere.
Dos veces vence el que en la victoria se vence a sí.
El afligido cree con más facilidad lo que desea.
El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana.