La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla.
La maravilla de un solo copo de nieve supera la sabiduría de un millón de meteorologistas.
La multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia.
La sabiduría consiste en saber cuál es el siguiente paso; la virtud, en llevarlo a cabo.
La sabiduría consiste no sólo en ver lo que tienes ante ti, sino en prever lo que va a venir.
La sabiduría de los sabios y la experiencia de los siglos pueden conservarse en las citas.
La sabiduría es la recompensa por pasar la vida escuchando cuando uno hubiera preferido hablar.