Ligera es la desgracia que puede sufrirse, y la que no, breve.
Llevadero sería todo trabajo, si no lo acrecentase la opinión de las gentes.
Lloren los ojos, mas no el alma.
Lo más importante de la curación consiste en querer ser curado.
Lo más perfecto que hay en el hombre está libre del poder de los hombres.
Lo mismo es nuestra vida que una comedia; no se atiende a si es larga, sino a si la han representado bien. Concluye donde quieras, con tal de que pongas buen final.
Lo necesario, aunque cueste sólo un céntimo, es caro.
Lo que de raíz se aprende nunca del todo se olvida.
Lo que diferencia al hombre del resto de animales, es su capacidad de perfeccionamiento.
Lo que has de decir, antes de decirlo a otro, dítelo a ti mismo.
Lo que hay después de la muerte, vida es, no muerte.
Lo que las leyes no prohiben, puede prohibirlo la honestidad.
Lo que más se ama, más veces corre peligro.
Lo segundo, después de no errar, es vergüenza de haber errado.
Los afligidos se apartan de lo que aman mucho.
Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas.
Los desgraciados casi nos fuerzan a ser duros e insensibles.
Los hombres aman sus vicios y al mismo tiempo los odian.
Los hombres aprenden mientras enseñan.
Los hombres cuando enseñan, aprenden.
Los placeres aun después de haber pasado recrean.
Los que saben mucho se admiran de pocas cosas, y los que no saben nada se admiran de todo.
Los vicios que se manifiestan son los más ligeros: los peligrosos son aquellos que se esconden bajo la virtud.
Mal consuelo es tener compañeros de desgracia.
Mal se agradece lo que mal se dio.