La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.
La rosa es más bella bañada por el rocío de la mañana, y el amor es más hermoso humedecido por las lágrimas.
La sencillez, la bondad, la fé, el amor y la alegría, son magníficas piedras para edificar la casa de la vida.
La sensualidad sin amor es pecado; el amor sin sensualidad es peor que pecado.
La televisión se nos aparece como algo semejante a la energía nuclear. Ambas sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales.
La timidez es un gran pecado contra el amor.
La última meta del ego no es ver algo, sino ser algo.
La única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor. El patriotismo no es más que amor, la amistad no es más que amor.
La única ley de la autoridad es el amor.
La única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea.
La vanidad es el amor propio al descubierto.
La verdadera explicacion de este mundo, sea cual fuere la del otro, es el amor, no la filosofia alemana.
La vergüenza, el amor, el orgullo, todo hablaba en mí al mismo tiempo.
La vida de un hombre es interesante cuando ha cometido errores; es una muestra de que intentó superarse.
La vida es siempre amor y miseria. La vida son siempre las mismas canciones.
La vida nos regala lo más preciado de si misma cuando convergemos en el amor.
La vida pasa y los dolores sanan, pero al amor caído ya nadie lo salva.
Las amistades son como los matrimonios: de cada diez, uno se hace por amor.
Las apuestas y los pactos se hacen con los ángeles. O con los demonios.
Las arrugas de la piel son ese algo indescriptible que procede del alma.
Las caricias son muy fáciles y no demuestran nada; la única verdadera prueba de amor que puede darse al otro, es la de sufrir en su lugar.
Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho.
Las conferencias deben ser como las faldas de las mujeres: suficientemente largas para contener algo y suficientemente cortas para despertar el interés.
Las conversaciones son siempre peligrosas si se tiene algo que ocultar.
Las cualidades sublimes infunden respeto; las bellas, amor.