Empieza cada día con una sonrisa y mantenla todo el dia.
Empieza por contar las piedras, luego contarás las estrellas.
Empieza transformando todo lo que haces en algo bello para dios.
En amor todo ha terminado desde el día en que uno de los dos amantes piensa que sería posible una ruptura
En donde vivo desde que no estás ya no le llamo casa
En donde vivo desde que no estás ya no le llamo casa.
En el punto donde se detiene la ciencia, empieza la imaginación.
En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.
Es grande ver a un hombre crecerse ante el fracaso y que empieza de nuevo.
Es la vida un dolor en que se empieza el de la muerte, que dura mientras dura ella.
Es preciso aprender a amar y a ser bondadosos, y eso, desde la juventud; si ni la educaci6n ni el azar nos proporcionan ocasión de ejercitar tales sentimientos, nuestra alma se volverá seca e incluso inepta para comprender las delicadas invenciones de las personas amables. También es preciso que el odio sea aprendido y alimentado, si queremos llegar a ser buenos odiadotes. De lo contrario también su germen ira muriendo poco a poco.
Escribir en verso libre es como jugar al tenis con la red abajo.
Fácil sería demostrar que desde las Cruzadas hasta los últimos conatos de revoluciones, la historia de Europa ha estado movida por utopías, por grandes imposibles. Y, sin embargo, de esos delirios ha salido la historia efectiva. Y más aún que como realidades, bien tristes si se las mira sin dejarse deslumbrar por su gloria, conmueve por lo que tienen de monumentos funerarios de las esperanzas europeas, de las concreciones que en forma de empresas ha tomado la esperanza europea. Son sus rastros, las huellas en la arena del tiempo de su anhelo. Son las cenizas de sus sueños.
En términos éticos cabria describirse tal cesión una actitud de fundamental pereza o cobardía. Desde un punto de vista social debe explicarse así: los hombres ceden a determinados individuos el derecho de defenderse y de usar sus energías físicas, a cambio de ser eximidos del deber de hacerlo. Nace así el poder militar. Ceden también el derecho de pensar, de usar su capacidad intelectual, de forjar su concepción de la realidad y su escala de valores, a cambio de ser relevados de la pesada obligación y del duro deber de hacerlo. Nace entonces el poder intelectual y sacerdotal, guerreros y sacerdotes exigen al mismo tiempo una partición de los bienes económicos y ante, todo, de la tierra. Para hacer respetar los derechos que se les han cedido y las propiedades que ipso facto han adquirido, instituyen al estado y la ley, y eligen de su propio seno al gobernante o los gobernantes.
Fiesta de primavera. Desde el fondo del agua las plantas me llaman.
Hasta el día de hoy no he conocido a nadie que no haya gobernado algún Estado. No hablo desde luego de los señores ministros, que gobiernan efectivamente, los unos dos o tres años, los otros seis meses y otros seis semanas; hablo de todos los demás hombres que, a la hora de cenar o en su gabinete, exponen su sistema de gobierno y reforman los ejércitos, la Iglesia, la magistratura y las finanzas.
Hay que tener el valor de admitir que, desde hace cien años, el arte ha consistido casi exclusivamente en una serie de lamentos. La consideración de un artista ha dependido de la intensidad de sus quejas, a las que luego se calificaba de denuncias, cuando lo cierto es que no son más que lamentaciones.
He aprendido a caminar; desde entonces me dejo correr.
Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.
Hoy en día el mundo está cabeza abajo y sufre tanto porque hay muy poco amor en los hogares y en la vida familiar.
La amistad termina donde la desconfianza empieza.
La belleza, la belleza de verdad, termina donde empieza la expresión intelectual. El intelecto es en sí mismo una forma de exageración y destruye la armonía de cualquier rostro. En el momento en que te sientas a pensar, te vuelves todo nariz, todo frente, o cualquier otra cosa horrible. Mira a los triunfadores de cualquier profesión docta. ¡Qué horrorosos son! Excepto los eclesiásticos, aunque bien es cierto que en la Iglesia no se piensa: un obispo sigue diciendo a las ochenta años lo que le enseñaron a decir a los dieciocho y, en consecuencia, su aspecto es siempre encantador.
La caridad bien entendida empieza por uno mismo, y generalmente acaba ahí.
La caridad bien entendida empieza por uno mismo.
La caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza.