No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida.
Nos hemos tomado en serio aquello con lo cual sólo nos estaba permitido bromear (y viceversa).
Nunca escribí una frase que valiese la pena mientras estaba bajo la influencia del alcohol.
Pues estaba acostumbrado a caminar en la noche y le gustaba mirarle a la cara a todo lo dormido.
Sabía que me estaba descolgando de la droga cuando no tenía ganas de ver la televisión.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.