El agua, como un tálamo amoroso, te ofrece sus cristales movedizos donde tiendes tu cuerpo luminoso.
En el altar de tu reja digo una misa de amor, tú eres la virgen divina y el sacerdote soy yo.
Fuera entre todas las cosas por abrazarte temblando, enredadera florida de tu cuerpo de alabastro.
Hay en tu mirada yo no sé qué cosa, que en mis fibras penetra y penetra como espada sorda.
Jugar la vida gozando en perderla, si a las cartas les dieran su sombra tus pestañas negras.
La juventud de un ser no se mide por los años que tiene, si no por la curiosidad que almacena.
Las verdades, como las rosas, tienen espinas;recíbelas por la parte de la flor y no te pincharás.
No soy dueño de mí mismo ni voy donde a mí me agrada, atado llevo el deseo al hilo de tu mirada.
Quisiera tener un rizo de tu oscura cabellera, para gastarme los ojos en sólo mirar sus hebras.
Tus ojos son un delito negro como las tinieblas, y tienes para ocultarlo bosque de pestañas negras.