Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.
Las personas grandes son bien extrañas.
Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo.
Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua.
Los niños deben ser muy indulgentes con las personas grandes.
Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos.
No me interesa aquel que haya conocido, llevado en litera, mil cimas de montañas y así observado mil paisajes porque,en primer lugar, no conocerá uno solo verdaderamente y, luego, porque mil paisajes no constituyen más que una partícula de polvo en la inmensidad del mundo.
Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada.
Qué me importa que Dios no exista mientras otorgue divinidad al hombre.
Ser necio de nacimiento es una enfermedad incurable.
Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía.
Si alguien ama a una flor de la que sólo existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas.
Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquellas que no me procuraron ninguna fortuna.
Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.
Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho.
Si yo ordenara -decía frecuentemente-, si yo ordenara a un general que se transformara en ave marina y el general no me obedeciese, la culpa no sería del general, sino mía.
Sólo se conocen bien las cosas que se domestican.
Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.
Tener un amigo no es cosa de la que pueda ufanarse todo el mundo.
Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo. . .
Una pila de piedras deja de ser una pila de piedras en el momento en que un solo hombre la contempla, concibiendo por dentro la imagen de una catedral.
Uno es para siempre responsable de lo que domestica.
¿y de qué te sirve poseer las estrellas? -me sirve para ser rico-¿y de qué te sirve ser rico? -me sirve para comprar más estrellas-.