No precisa agua de manantiales, pues tiene mis ojos, ni sol, con la belleza de su figura.
No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando.
No tiene ningun sentido ser preciso cuando ni siquiera sabes de lo que estas hablando.
Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy.
Nunca el hombre es tan ridículo por las cualidades que tiene, como por aquellas que cree tener.