Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.
Marido celoso, no tiene reposo.
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
No da quien tiene, sino quien quiere.
No es pobre el que poco tiene, pero sí lo es el que vive con gran avidez.
No hay buen viento para quien no tiene puerto.
No presuma de tener ciencia quien no tiene experiencia.
Quien buen norte tiene, seguro va y seguro viene.
Quien hijo tiene en la guerra, muerto está y vivo le espera.
Quien más tiene, más quiere.
Quien no tiene cabeza, ha de tener pies.
Quien tiene paz y alegría, duerme bien de noche y gana bien el día.
Quien tiene tejado de vidrio, no tire piedras al de su vecino.
Si tu vecino te alaba y felicita, en algo te necesita.
Algo habrá de malo en la riqueza cuando a todo el mundo le da vergüenza confesar que la tiene.
Cada ser humano tiene, dentro de sí, algo mucho más importante que él mísmo: su don.
Creo que, en la vida práctica, el éxito, el auténtico éxito, tiene algo un tanto indecoroso; hay algo en la ambición que es siempre indecoroso.
Cuando alguien dice estar de acuerdo, en principio, en hacer algo, quiere decir que no tiene la menor intención de hacerlo.
Cuando uno se da cuenta de que algo no marcha, tiene que estar dispuesto a rebelarse y arreglar las cosas. En cambio, lo que vemos es una queja eterna, una crítica eterna de lo que no marcha bien, cuando lo cierto es que no todo anda mal, hay cosas que van mal y muchas otras que van bien; y el principal motivo de que algunas cosas no funcionen es la propia incapacidad de los hombres para adaptarse a la vida que ellos mismos han creado, esa es la verdad.
Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.
El deseo es algo irracional por el cual uno siempre tiene que pagar un alto precio.
En este mundo, cuando alguien tiene algo que decir, la dificultad no está en conseguir que lo diga, sino que lo repita a menudo.
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.
La idea es algo tan divino, que tiene derecho a recibir, incluso a exigir sacrificios voluntarios. Pero cuántas veces en el curso de la historia ha sido rebajada a la categoría de ídolo ante cuyo altar se sacrificaban niños inocentes.
La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable. Una música humilde se despierta con ella que hace vibrar el alma dormida del paisaje.