Sin trabajo no hay recompensa.
Sin virtud poco vale la salud.
Sobre advertencia no hay engaño.
Sobre gustos no hay nada escrito.
Socorro tardío, socorro baldío.
Sólo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería.
También hay horca para el verdugo.
Tan sólo debes sembrar lo que puedas abonar.
Tanto da el agua en la piedra que la quiebra.
Tanto quiso el diablo a sus hijos, que les sacó los ojos.
Tanto tienes, tanto vales.
Ten tu arca bien cerrada, y la llave bien guardada.
Tiempo ido, tiempo perdido.
Tiempo malgastado nunca recobrado.
Todo lo que el médico yerra lo tapa la tierra.
Todos los caminos conducen a Roma.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.
Torres más altas cayeron.
Trabajando por cuenta ajena, poco se gana y mucho se pena.
Tras la tempestad viene la calma.
Tripa vacía, corazón sin alegría.
Tropezando y cayendo, a andar va el niño aprendiendo.
Tus secretos no dirás, si quieres vivir en paz.
Un amigo es como la sangre, que acude a la herida sin que la llamen.