Las guerras se hacen para producir deudas.
Las horas caen de minuto en minuto, como la sangre que quiere hablar.
Las ideas solo son exóticas, para el que no tiene ideas.
Las lágrimas son inútiles, a menos que esté el marido presente para verlas derramar.
Las lecturas que se hacen para saber no son, en realidad, lecturas. Las buenas, las fecundas, las placenteras son las que se hacen sin pensar que vamos a instruirnos.
Las leyes se han hecho para el bien de los ciudadanos.
Las luces están dispuestas para iluminarnos desde el pasado.
Las matemáticas se escriben para los matemáticos.
Las matemáticas son una gimnasia del espíritu y una preparación para la filósofia.
Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
Las mujeres necesitamos la belleza para que los hombres nos amen, y la estupidez para que nosotras amemos a los hombres.
Las palabras están ahí para explicar el significado de las cosas, de manera que el que las escucha, entienda dicho significado.
Las palabras no sirven para explicar un sentido secreto.
Las palabras son una medicina para el alma que sufre.
Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes.
Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas.
Las personas deben hablar menos y dibujar más. Personalmente, me gustaría renunciar por completo del habla y, al igual que la naturaleza orgánica, comunicar todo lo que tengo que decir visualmente.
Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.
Las prisiones y los fusilamientos en Cuba son muy buenas noticias para el superpoder universal, que está loco de ganas de sacarse de la garganta esta porfiada espina. Son muy malas noticias, en cambio, noticias tristes que mucho duelen, para quienes creemos que es admirable la valentía de ese país chiquito y tan capaz de grandeza, pero también creemos que la libertad y la justicia marchan juntas o no marchan.
Las sociedades deben juzgarse por su capacidad para hacer que la gente sea feliz.
Le escribo a la gente de cualquier parte suficientemente joven para tener curiosidad acerca del mundo.
Le has dado a mi semblante sin saberlo una luz interior que me hace fuerte, para vencer mayores soledades.
Le he amado demasiado para no odiarle.
Leemos a los críticos como leemos el horóscopo: por curiosidad, no para tomarlos demasiado en cuenta.
Leer un libro enseña más que hablar con su autor, porque el autor, en el libro, sólo ha puesto sus mejores pensamientos.