Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.
Es una reflexión penosa para un hombre considerar lo que ha hecho, comparado con lo que debió hacer.