Los ciegos pueden al tacto comprobar lo amado, mi corazón es todo tacto para tu presencia.
Nada me inspira más veneración y asombro que un anciano que sabe cambiar de opinión.
No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando.
Nos desdeñamos u odiamos porque no nos comprendemos porque no nos tomamos el trabajo de estudiarnos.
Para ti lo infinito o nada; lo inmortal o ésta muda tristeza que no comprenderás...
Razonar y convencer, ¡qué difícil, largo y trabajoso! ¿Sugestionar? ¡Qué fácil, rápido y barato!