La patria es espíritu. Ello dice que el ser de la patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan.
La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer.
La sal no dice de sí misma que es salada.
La verdad tiene dos sabores: uno dulce, para el que la dice, y otro amargo, para el que la oye.
La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios.
Las cigarras van a la muerte y su canto nada nos dice.
Lo bien dicho se dice presto.
Lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa.
Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice a nuestras espaldas y como no nos enteramos, nada ocurre.
Lo que se dice en la mesa debe ser envuelto en el mantel.
Lo que sucede hoy acaeció otras veces; lo que se dice, sigue diciéndose y se dirá más adelante; lo que ha de ser, ya fue un día.
Los matemáticos son un poco como los franceses: cuando se les dice algo, lo traducen a su lengua y al punto pasa a ser otra cosa.
Los niños son educados por lo que hace el grande y no por lo que dice.
Más interesante que lo que la gente dice es su pensamiento secreto, y esto es lo que importa conocer.
Me dice que soy un ciego, lo que veo.
Muchas veces lo que se calla hace más impresión que lo que se dice.
Muy distinto es no decir lo que se piensa que no pensar lo que se dice.
Nietzsche dice que nosotros viviremos la misma vida nuevamente. ¡dios!, yo tendré que ver de nuevo a mi agente de seguros.
No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace.
No es necesario decir todo lo que se piensa, lo que si es necesario es pensar todo lo que se dice.
No escuches a los amigos cuando el amigo interior dice: ¡Haz esto!
No hay mejor predicador que la hormiga, que no dice nada.
No puedo creer en la inmortalidad del alma. . . No, todo lo que se dice sobre la existencia después de la tumba está mal. Es sólo el producto de nuestra tenacidad hacia la vida. . . Nuestro deseo de seguir viviendo. . . Nuestro pavor de llegar a un final.
No son mis espinas las que me defienden, dice la rosa, es mi perfume.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.