Antes de yo conocerte soñaba que me amarías; ¡quién presta oído a los sueños, quién de los sueños se fía!.
Antes y después de la civilización, cuando se tiene o ya no se tiene el gusto por los goces intelectuales, se busca la representación de objetos sensibles: los pueblos empiezan y terminan con gladiadores y marionetas: los niños y los viejos son pueriles y crueles.
Antídoto para el aburrimiento es la acción entusiasmante del servicio. Un aburrido no es quien puede, sino quien quiere.
Aquel a quien no le gusta el vino, ni la mujer, ni el canto, será un necio toda su vida.
Aquel que es demasiado pequeño tiene un orgullo grande.
Aquel que más posee, más miedo tiene de perderlo.
Aquél que tiene fe no está nunca solo.
Aquel que tiene gran poder debe usarlo livianamente.
Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos".
Aquí un marido que ama a su mujer es un hombre que no tiene el mérito suficiente para hacerse amar por otra.
Aquí yace quien nació y murió, sin saber nunca para qué vivió.
Atardecer primaveral. ¿Qué lee el hombre que no tiene mujer?.
Aun pido enseñanza; pero ya no al hombre, sino a quien no recibe enseñanza del hombre.
Bastante colabora quien no entorpece.
Bien acierta quien sospecha que siempre yerra.
Bien ama quien nunca olvida.
Bien haya quien a los suyos se parece.
Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor.
Bien predica quien bien vive.
Bienaventurado el que tiene talento y dinero, porque empleará bien este último.
Bueno es que haya ratones, para que no se sepa quien se come el queso.
Busca la libertad, don tan preciado como sabe quien por ella dé la vida.
Cada altar tiene su cruz.
Cada arroyo tiene su fuente.
Cada ceremonia o rito tiene valor si se realiza sin alteración. Una ceremonia es un libro en el que una gran parte está escrito. Cualquiera entiende que puede leerlo. Un rito a menudo contiene más de un centenar de libros.