Nunca el hombre es tan ridículo por las cualidades que tiene, como por aquellas que cree tener.
Nunca llega a ser coronado por la inmortalidad quien teme ir adonde le conducen voces desconocidas.
Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres.
Para el que cree no es necesaria ninguna explicación; para quien no cree, toda explicación sobra.
Para usted que ya no la tiene, la libertad es todo. Para nosotros que sí, es meramente una ilusión.
Pero ya sabe usted que quien ama no recuerda largo tiempo el agravio.