La tierra no tiene sed de la sangre de los soldados, sino del sudor de los hombres.
La única diferencia entre un santo y un pecador es que el santo tiene pasado y el pecador, futuro.
La verdad tiene dos sabores: uno dulce, para el que la dice, y otro amargo, para el que la oye.
La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada.
Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive.