Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores.
Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.
Un amante apasionado ama hasta los defectos de la persona a quien ama.
Un amigo es con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello.
Un discípulo de quien jamás se pide nada que no pueda hacer, nunca hace todo lo que puede.
Un filósofo es el hombre en quien la intimidad se eleva a categoría racional; sus conflictos sentimentales, su encuentro con el mundo, se resuelve y se transforma en una teoría.
Una de las alegrías de la amistad es saber en quien confiar.
Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra.
Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.
Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Virtuosa cosa es perdonar a quien se arrepiente.
Y quien ansia superarse creando posee la voluntad más pura.
Yo admiro al hombre que puede sonreír ante los problemas, que puede sacar fuerza de la desgracia, y que en la reflexión crece en valentía. Es característico de las mentes pequeñas encogerse, pero aquél que es firme en su corazón, y cuya conciencia aprueba su conducta, persevera en sus principios hasta la muerte.
Yo no se quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber que será su nieto.
¡A quien no se salva por sí sólo, nadie lo puede salvar!.
¡Insensato quien fía al porvenir!
¡Pobre del amor a quien la fantasía abandona!.
¡Por fin voy a vivir solo! y, enseguida, me pregunto con quien.
¡qué presto se consolaron, los vivos de quien murió¡, y más cuando el tal difunto, mucha hacienda les dejó.
¡Quien necesita piedad, sino aquellos que no tienen compasión de nadie!
¡Quién pudiera ser tu novio en un sueño eterno y dulce, blanco como las estrellas!...
¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
¿Cómo es posible denominar "hombre de acción" a quien por su trabajo de presidente en una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia? ¿y es tal vez un hombre de acción el que recibe elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad viajando a países subdesarrollados y estafando a sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares despojos sociales los que reciben el apelativo de hombres de acción en nuestro tiempo.
¿con quién debo temer el medir mi fuerza?.