La confidencia descubre quién era o no digno de ella.
La desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve.
La desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.
La desgracia es a veces ocasión de virtud.
La desgracia es capaz de abrir los ojos hasta a los ciegos. Es una maestra que sabe mucho, y una amiga que no engaña, como la felicidad.
La desgracia es la comadrona de las virtudes.
La desgracia no llega al hombre valeroso.
La desgracia, al ligarse a mí, me enseñó poco a poco otra religión, distinta a la religión enseñada por los hombres.
La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.
La fortaleza del hombre se prueba en la desgracia, y la fidelidad de un buen amigo se prueba en la tempestad.
La fortuna es ciega y no sabe con quién juega.
La historia no es ni hace nada. Quien es y hace es el hombre.
La ignorancia es la carga más pesada. Pero quien lo lleva no lo siente.
La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón.
La libertad es como la vida, sólo la merece quien sabe conquistarla todos los días.
La llaga de amor, quien la sana, la hace
La llaga de amor, quien la sana, la hace.
La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella.
La mayor desgracia es merecer la desgracia.
La muerte como final de tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir.
La música se va... Tan sólo queda un perfume fugaz a carne y seda... ¿Quién tus encantos desnudó a la brisa?.
La ocasión cuando es propicia, tonto es quien la desperdicia.
La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.
La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto solo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia.
La poesía no es de quien la escribe sino de quien la necesita.