No hay buen viento para quien no tiene puerto.
No hay grandeza para quien quiere engrandecerse.
No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe.
No hay ley sin agujero para quien sabe encontrarlo.
No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.
No hay ningún hombre absolutamente libre. Es esclavo de la riqueza, o de la fortuna, o de las leyes, o bien el pueblo le impide obrar con arreglo a su exclusiva voluntad.
No hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con placer suyo.
No hay riqueza más peligrosa que una pobreza presuntuosa.
No hay riqueza tan segura como un amigo seguro.
No honres con tu odio a quien no podrías honrar con tu amor.
No llores por quien no te ama, ama a quien por tí llora
No olvida quien finge olvido sino quien puede olvidar...
No presuma de tener ciencia quien no tiene experiencia.
No puede ser calificado de noble quien desconoce la voluntad del cielo, no puede estar asentado sobre una base firme quien ignora las leyes de las conveniencias («li»); no puede conocer a los hombres quien no entiende de las palabras de ellos.
No sabe hablar quien no sabe callar.
No sabe lo que es descanso quien no sabe lo que es trabajo.
No sabe qué es amor quien no te ama, no sabe qué es amor quien no te mira...
No se confiesa obligado quien no recibió.
No sé qué luz, de dentro, de quién, iba naciendo, iba envolviendo tu desnudo amoroso, oh aire, oh mar desnudo.
No se sabe quien goza más; si la mujer cuando se casa o el hombre cuando enviuda.
No tardará en transigir con el fin quien está dispuesto a transigir con los medios.
No te fíes de quien de ti desconfíe.
No te ilusiones con tu riqueza y tu belleza; puedes perderlas: aquélla en una noche; ésta, en una fiebre.
No tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla, que a consumir riqueza sin producirla.
No tengas amistad con quien tenga poderosos enemigos.