Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive.
Las heridas que te causa quien te quiere, son preferibles a los besos engañadores de quien te odia.
Las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde.
Los niños adivinan qué personas los aman. Es un don natural que con el tiempo se pierde.