(...) el filósofo tiene hoy el deber de desconfiar, de mirar maliciosamente de reojo desde todos los abismos de la sospecha.
...porque soy quien se va pero regresa para morder tu mano, mientras besa, porque soy el que otorga. Y el mendigo.
...y siempre tengo miedo porque soy valiente.
A cualquier mujer le gustaría ser fiel. Lo difícil es hallar el hombre a quien serle fiel.
A gran cabeza, gran talento, si es que lo tiene dentro.
A las mujeres les gusta sobre todo salvar a quien las pierde.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
A los verdugos se les reconoce siempre. Tienen cara de miedo.
A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos.
A quien al cabo le resultó imposible vivir en este mundo...
A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.
A quien aspira a reinar cada hermano es un estorbo.
A quien dices el secreto das tu libertad.
A quien Dios no le dio hijos, el diablo le dio sobrinos.
A quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga.
A quien enferma para morir, ningún remedio puede servir.
A quien feo ama, hermoso le parece.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
A quien lucha y suda, la suerte le ayuda.
A quien me diga que nunca mintió, que al decirlo miente lo digo yo.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
A quien nada vale, no le envidia nadie.
A quien no se lo merece, la virgen se le aparece.
A quien nos justifica nuestra desconfianza llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.