La reina del mundo es la fuerza y no la opinión; pero es la opinión quien usa de la fuerza.
La tierra no tiene sed de la sangre de los soldados, sino del sudor de los hombres.
La única diferencia entre un santo y un pecador es que el santo tiene pasado y el pecador, futuro.
La verdad tiene dos sabores: uno dulce, para el que la dice, y otro amargo, para el que la oye.