Descansa, duérmete, sueña, no tengas miedo del mundo, que yo te velo.
Desdichado el hombre en quien nada perdura del niño.
Desdichado es el que por tal se tiene.
Desgraciado quien no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte le arrebatará todo. Procurad amar las almas y un día las volveréis a encontrar.
Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.
Di a cada uno: tienes razón. Porque tiene razón. Pero condúcelos más alto en su montaña; pues el esfuerzo de escalar, que rehusarían por ellos mismos, exige tanto de los músculos como del corazón. . . ¿cómo conocerán los hombres sus actos si no han escalado trabajosamente la montaña, en soledad, para trasmutarse en silencio?.
Dicen que el hábito es una segunda naturaleza. Quien sabe, empero, si la naturaleza no es primero un hábito.
Dicen que no encajo en este mundo. Francamente, considero esos comentarios un halago. ¿Quién diablos quiere encajar en estos tiempos?.
Dime cómo te diviertes y te diré quién eres.
Dime con quien andas, y te diré quien eres.
Dime lo que lees y te diré quien eres, eso es verdad, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees.
Dime qué comes y te diré quien eres.
Dime quién te admira y te diré lo que eres.
Dios existe; pero no tiene ninguna prisa en hacerlo saber.
Dios le da legañas al que no tiene pestañas.
Dios me dé contienda, con quien me entienda.
Dios tiene dos tronos. Uno en lo más alto de los cielos y otro en el más humilde de los corazones.
Dios, aunque invisible, tiene siempre una mano tendida para levantar por un extremo la carga que abruma al pobre.
Dios, que es acto puro y no tiene nada de potencialidad, tiene un poder activo infinito sobre las demás cosas.
Donde tiene el tesoro el avariento, tiene el entendimiento.
Dos fuerzas guían al hombre, el miedo y el egoísmo.
Dos velas tengo encendidas en el altar de mi alma, y en él adoro a una virgen que tiene tu misma cara.
Durante mucho tiempo continuaremos viviendo divididos entre el miedo a las armas misteriosas y la esperanza en los milagros de la ciencia.
Ebrio placer es, para quien sufre, apartar la vista de su sufrimiento y perderse a sí mismo.
Échate a enfermar y verás quien te quiere bien o quien te quiere mal.