El dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.
El escritor original no es aquel que no imita a nadie, sino aquel a quien nadie puede imitar.
El hombre que ha perdido la aptitud de borrar sus odios está viejo, irreparablemente.
El intelectual para quien la definición sustituye a la comprensión, es despreciable.
El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quien tiene el mejor abogado.
El más feliz es aquel de quien el mundo habla lo menos posible, sea en bien o sea en mal.
El mejor consejo lo da siempre la experiencia, pero siempre llega demasiado tarde.
El mundo es de quien nace para conquistarlo y no de quien sueña que puede conquistarlo.
El niño es realista; el muchacho, idealista; el hombre, escéptico, y el viejo, místico.