Trabajos nos dan quien grandezas nos promete.
Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores.
Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.
Un amante apasionado ama hasta los defectos de la persona a quien ama.
Un amigo es con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello.
Un buen padre vale por cien maestros.
Un discípulo de quien jamás se pide nada que no pueda hacer, nunca hace todo lo que puede.
Un filósofo es el hombre en quien la intimidad se eleva a categoría racional; sus conflictos sentimentales, su encuentro con el mundo, se resuelve y se transforma en una teoría.
Un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo: un amigo es ambos.
Un padre para cien hijos, antes que cien hijos para un padre.
Un padre puede darle la espalda a su hijo, hermanos y hermanas pueden convertirse en inveterados enemigos, los maridos pueden abandonar a sus esposas, pero el amor de una madre dura para siempre.
Un padre que sabe dar rienda suelta a su infante interior, será capaz de valorizar el mundo interno de sus hijos, aunque éste sea uno con necesidad especial.
Un padre se ocupa más de diez hijos que diez hijos de un padre.
Un padre sin hijos es como un arco sin las flechas.
Una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente.
Una de las alegrías de la amistad es saber en quien confiar.
Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra.
Vamos, vamos - dijo el padre de Tom - a tu edad ya no tienes excusa para hacer el libertino. Es hora hijo de pensar en tomar esposa. —Eso digo yo, padre. ¿La esposa de quien?.
Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Virtuosa cosa es perdonar a quien se arrepiente.
Y quien ansia superarse creando posee la voluntad más pura.
Yo no se quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber que será su nieto.
¡A quien no se salva por sí sólo, nadie lo puede salvar!.
¡Cuán grande riqueza es, aun entre los pobres, el ser hijo de buen padre!
¡Insensato quien fía al porvenir!