Más grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita.
Más interesante que lo que la gente dice es su pensamiento secreto, y esto es lo que importa conocer.
Mas todos los poetas creen que quién tendido en el pasto aguza el oído se entera un poco de las cosas que existen entre el cielo y la tierra.
Mas vale tener un enemigo conocido que un amigo a la fuerza.
Matadlos a todos y Dios juzgará quien se tiene que salvar.
Me atreveré a todo lo que pueda hacer un hombre. Quien se atreva a más es insensato.
Me dice que soy un ciego, lo que veo.
Me han acusado de defensor del Alma. No fui yo sino Dios mismo quien la defendió.
Me parecía que la tierra no hubiera sido habitable si no hubiese tenido a nadie a quien admirar.
Me pregunto quien nos ha dado el derecho de estropear nuestro planeta.
Me sepulto en cualquier parte y moriré... quién sabe dónde.
Mejor es hacer a otros herederos, que buscar a quien heredar.
Mejor sufre el mal quien siempre le teme.
Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Quién ha muerto en el? Leamos. ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!.
Mi mejor amigo es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos.
Mi padre era poco amigo de explicaciones. Pienso que tal vez prefería enfrentarme al paisaje, a los hombres, a las cosas que pueden ayudar a entender la vida, para que poco a poco yo sacara mis propias conclusiones. Tenía, sí, el buen tacto de no ofrecerme espectáculos vulgares. Muchas veces, con una mirada o una palabra, me ordenaba alejarme de gentes que él no consideraba oportunas o dignas para mis ojos.
Mi único credo. La montaña del tesoro, las flores de seis pétalos de la nieve.
Mira a quien está sobre ti como a tu padre, y a quien está debajo como a tu hijo.
Muchas veces lo que se calla hace más impresión que lo que se dice.
Mucho más que los intereses es el orgullo quien nos divide.
Muy distinto es no decir lo que se piensa que no pensar lo que se dice.
Nada suena tan estridente a los oídos del autor como el silencio de la crítica.
Nadie niega a Dios, sino aquel a quien le conviene que Dios no exista.
Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió.
Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido a sí mismo.