A las mujeres les gusta sobre todo salvar a quien las pierde.
A las personas les interesa nuestro destino exterior; el interior, sólo a nuestro amigo.
A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿qué tono tiene su voz? ¿qué juegos prefiere? ¿le gusta coleccionar mariposas?, pero en cambio preguntan: ¿qué edad tiene? ¿cuántos hermanos? ¿cuánto pesa? ¿cuánto gana su padre?. . . Solamente con estos detalles creen conocerle.
A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos.
A pobre viene quien gasta más de lo que tiene.
A quien al cabo le resultó imposible vivir en este mundo...
A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.
A quien amigos tiene por millones ninguno sobrará; el que tan sólo un enemigo cuenta por doquier lo encontrará.
A quien aspira a reinar cada hermano es un estorbo.
A quien dices el secreto das tu libertad.
A quien Dios no le dio hijos, el diablo le dio sobrinos.
A quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga.
A quien enferma para morir, ningún remedio puede servir.
A quien feo ama, hermoso le parece.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
A quien lucha y suda, la suerte le ayuda.
A quien me diga que nunca mintió, que al decirlo miente lo digo yo.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
A quien nada vale, no le envidia nadie.
A quien no se lo merece, la virgen se le aparece.
A quien nos justifica nuestra desconfianza llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuanto he podido y jamás he faltado a mi palabra.
A quien se aventura, dios le ayuda.
A quien se hace oveja, el lobo se lo come.