El niño muerto. ¿Quien romperá, las paredes de papel?, ¡son tan frías...!.
El noble no da crédito a las palabras por la sola autoridad de quien las pronuncia; tampoco rechaza la verdad aunque provenga de una persona ignorante.
El noble sólo busca la verdad y no se aferra con ciega obstinación a su criterio.
El opuesto de una frase correcta es una frase errónea. Pero el opuesto de una verdad profunda puede muy bien ser otra verdad profunda.
El profesor mediocre dice. El buen profesor explica. El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira.
El propósito de la justicia es dar a cada quien lo debido.
El que ama de verdad no es el que enciende el fuego, sino el que lo conserva.
El que anda buscando desesperadamente la verdad corre el peligro de encontrarla. Generalmente la verdad es letal. Busca la mentira y sobrevivirás.
El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.
El que conoce la verdad no es igual al que la ama.
El que dice lo que no debe, oye lo que no quiere.
El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.
El que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera.
El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.
El que hace un favor a quien lo merece, él mismo lo recibe.
El que no tiene mujer, cada día la mata; mas quien la tiene, bien la guarda.
El que respira, dice: tengo todavía todo por respirar. El infeliz, dice: tengo todavía lugar para las desdichas de los otros. El que ha muerto, nos dice: no conozco nada todavía, no puedo estar muerto.
El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión.
El que va a hacer mal, ya va medio herido, dice el refrán.
El regalo de la felicidad pertenece a quien lo desenvuelve.
El reino de la verdad se divide, objetivamente, en distintas esferas. No está en nuestro albedrío el modo y el punto de deslinde entre las esferas de la verdad.
El sabio es quien quiere asomar su cabeza al cielo; y el loco es quien quiere meter el cielo en su cabeza.
El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.
El sentido común es el instinto de la verdad.-
El sentimiento es objeto de la ciencia, pero no criterio de la verdad científica.