Con quien tengas trato no tengas contrato.
Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula.
Consejo de quien bien te quiere, escríbelo aunque no lo apruebes.
Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quién habla solo, espera hablar con Dios un día.
Conviene vivir considerando que se ha de morir; la muerte siempre es buena; parece mala a veces porque es malo a veces el que muere.
Cosa del cielo es poseer la verdad, cosa del hombre es buscar la verdad. Quien posee lo verdadero acierta lo justo sin esfuerzo, logra el éxito sin reflexionar.
Cosas fingidas pronto vuelven a su natural.
Creedlo, para hacernos amar no debemos preguntar nunca a quien nos ama: ¿Eres feliz?, sino decirle siempre: ¡Qué feliz soy!.
Creo que quien ha disfrutado con los sublimes placeres de la música deberá ser eternamente adicto a este arte supremo y jamás renegará de él.
Creo que toda la gente tiene una zona de pureza. A veces, se le murió para siempre. A veces, misteriosamente, renace. La gran mayoría de nuestros escritores trata de alcanzar el triunfo. Y a esto se llega de manera incidental, nunca deliberada. Si alcanzamos el éxito nunca seremos artistas plenamente. El destino del artista es vivir una vida imperfecta: el triunfo, como un episodio; el fracaso, como verdadero y supremo fin.
Cruel es quien al afligido reprende.
Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.
Cuando el hombre se aparta de Dios, no es Dios quien le persigue, sino los ídolos.
Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar.
Cuando hayamos aprendido debemos enseñarlo a quien nada sabe todavía; de este modo pagamos una deuda sacrosanta.
Cuando me esté retratando en tus pupilas de fuego, cierra de pronto los ojos por ver si me coges dentro.
Cuando no tenía nada que perder, lo tenía todo. Cuando dejé de ser quien soy, me encontré a mi mismo.
Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros.
Cuando un hombre quiere matar a un tigre, lo llama deporte; cuando es el tigre quien quiere matarle a él, lo llama ferocidad.
Cuando un médico va detrás del féretro de su paciente, a veces la causa sigue al efecto.
Cuanto más felices son los tiempos más pronto pasan.
Cuanto más te aprisione el mal, más podrida estará el alma de quien te haga daño.
Cuesta demasiado diseñar productos a partir de grupos cerrados. La mayoría de las veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas.
Cuesta más responder con gracia y mansedumbre, que callar con desprecio. El silencio es a veces una mala respuesta, una respuesta amarguísima.
Da el sartenazo quien tiene la sartén por el mango.