No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe.
No hay ley sin agujero para quien sabe encontrarlo.
No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.
No hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con placer suyo.
No honres con tu odio a quien no podrías honrar con tu amor.
No llores por quien no te ama, ama a quien por tí llora
No me gusta que me confundan. En mi país hay grandes escritores y poetas. Yo, a veces, le arrimo el bochín a la poesía. Es sólo una arrimada. No me comparen. Pegar un grito en el cerro no es acercarse al sermón de la montaña.
No me niegues que a veces, al despertar, quisieras refugiarte nuevamente debajo de mis manos, quedarte quietecita, apenas respirando, convertida en la misma huella de la noche.
No olvida quien finge olvido sino quien puede olvidar...
No pienso nunca en el futuro porque llega muy pronto.
No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida.
No presuma de tener ciencia quien no tiene experiencia.
No puede ser calificado de noble quien desconoce la voluntad del cielo, no puede estar asentado sobre una base firme quien ignora las leyes de las conveniencias («li»); no puede conocer a los hombres quien no entiende de las palabras de ellos.
No puedes hacer un acto amable demasiado pronto, porque nunca sabes cuándo será demasiado tarde.
No sabe hablar quien no sabe callar.
No sabe lo que es descanso quien no sabe lo que es trabajo.
No sabe qué es amor quien no te ama, no sabe qué es amor quien no te mira...
No se confiesa obligado quien no recibió.
No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición.
No se muere dos veces si no se escapa de la muerte una vez.
No se puede descender dos veces por el mismo río, pues cuando desciendo el río por segunda vez, ni yo ni el río somos los mismos.
No sé qué luz, de dentro, de quién, iba naciendo, iba envolviendo tu desnudo amoroso, oh aire, oh mar desnudo.
No se sabe quien goza más; si la mujer cuando se casa o el hombre cuando enviuda.
No tardará en transigir con el fin quien está dispuesto a transigir con los medios.
No te fíes de quien de ti desconfíe.