Nunca llega a ser coronado por la inmortalidad quien teme ir adonde le conducen voces desconocidas.
Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres.
Óyeme ahora: mira en tu soledad una abeja dormida, que elabora en el sueño su miel sin alegría.
Para el que cree no es necesaria ninguna explicación; para quien no cree, toda explicación sobra.
Pero ya sabe usted que quien ama no recuerda largo tiempo el agravio.
Por fiel que uno quiera ser, nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige.
Qué sabe del amor quien no ha tenido que despreciar precisamente lo que más amaba.