A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
A la proporción, semejanza, unión e identidad del infinito no te acercas más siendo hombre que siendo hormiga.
A la sombra de un hombre célebre hay siempre una mujer que sufre.
A laurel ni a renombre aspiraremos, recompensa sin precio ni mudanza serán para nosotros ignorar el temor, deparar al hombre, y a nuestro corazón, la libertad.
A lo largo del río no encontré ningún puente ese día sin fin.
A lo largo la mano corre por la barandilla del mirador. Los montes en primavera.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
A los hombres se les puede dividir en dos categorías: los que hablan para decir algo, y los que dicen algo por hablar.
A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.
A más de uno que dice que la vida es breve le parece el día demasiado largo.
A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.
A mi edad tengo una mala opinión del ser humano, cuya capacidad para el mal, para infligir dolor o abusar de los débiles es infinita.
A ningún hombre debe obligársele a hacer el trabajo que puede hacer una máquina.
A pesar de no ser nunca el definitivo, el primer amor perdura para toda la vida.
A quien enferma para morir, ningún remedio puede servir.
A todo hombre le es concedido conocerse a sí mismo y meditar sabiamente.
A un hombre se le da la opción de amar a las mujeres o comprenderlas.
A un hombre sólo le pido tres cosas: que sea guapo, implacable y estúpido.
A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre.
A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad.
A veces hay que estropear un poquito el cuadro para poder terminarlo.
A veces pienso que Dios creando al hombre sobreestimó un poco su habilidad.
A veces pienso que Dios sobrevaloró su talento al crear al hombre.
A veces podemos aprender más de los errores de un hombre que de sus virtudes.
A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas.